Catalizador del coche: qué coches lo llevan, tipos, robos y cuidados

Última actualización: 25 de mayo de 2026
  • Prácticamente todos los coches modernos de gasolina, diésel e híbridos llevan catalizador para cumplir las normas de emisiones.
  • El catalizador transforma gases tóxicos en otros menos nocivos mediante metales como platino, paladio y rodio.
  • Es una pieza muy buscada por los ladrones, sobre todo en SUV, furgonetas e híbridos como el Prius, por el valor de sus metales.
  • Cuidar el motor, evitar manipulaciones y proteger el coche al aparcar reduce averías en el catalizador y el riesgo de robo.

catalizador coche

El catalizador del coche se ha convertido en una pieza de la que todo el mundo habla: por un lado es clave para reducir la contaminación y pasar la ITV, y por otro se ha vuelto un objetivo muy codiciado para los ladrones por los metales que lleva dentro. Si alguna vez te has preguntado qué coches llevan catalizador, desde cuándo es obligatorio o por qué lo roban tanto, aquí lo vas a tener todo bien explicado y sin rodeos.

A día de hoy, prácticamente cualquier turismo moderno con motor de combustión monta al menos un catalizador, ya sea de gasolina, diésel, híbrido o híbrido enchufable. Solo se libran los coches muy antiguos y, por supuesto, los eléctricos puros, que ni siquiera tienen escape. Vamos a ver con detalle qué hace realmente esta pieza, qué tipos existen, qué problemas puede dar, qué coches lo equipan, cómo evitar su robo y qué dice la ley sobre su uso.

averías típicas del catalizador del coche
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Qué es el catalizador de un coche y para qué sirve

El catalizador, también llamado convertidor catalítico, es un componente que forma parte del sistema de escape del vehículo. Su misión es transformar los gases tóxicos generados en la combustión del motor en sustancias mucho menos dañinas antes de que salgan por el tubo de escape hacia la atmósfera.

Para conseguirlo, el catalizador aprovecha una reacción química llamada catálisis de oxidación-reducción. En términos sencillos, los gases de escape (que contienen monóxido de carbono, hidrocarburos sin quemar y óxidos de nitrógeno, entre otros) pasan por el interior del catalizador, donde entran en contacto con una superficie recubierta de metales preciosos que aceleran las reacciones químicas sin consumirse.

Gracias a este proceso, el monóxido de carbono (CO) y los hidrocarburos (HC) se convierten en dióxido de carbono (CO2) y vapor de agua (H2O), mientras que los óxidos de nitrógeno (NOx) se transforman en nitrógeno (N2) y CO2. Aunque estos gases no son totalmente inocuos, son mucho menos perjudiciales que los originales y permiten que el vehículo cumpla las normativas anticontaminación.

El catalizador se fabrica normalmente con una carcasa de acero inoxidable muy resistente y, en su interior, un soporte cerámico o metálico con forma de panal de abejas lleno de pequeños canales. Esa geometría de panal multiplica la superficie de contacto para que las reacciones sean más eficaces sin frenar demasiado el flujo de gases.

Sobre ese sustrato se deposita una fina capa de materiales como platino, paladio y rodio, que son los que realmente actúan como catalizadores. Estos metales aguantan temperaturas extremas, no se consumen con las reacciones y son precisamente la razón de que el catalizador tenga tanto valor en el mercado y en el mercado negro.

detalle catalizador coche

Dónde está el catalizador y cómo está construido

El catalizador se sitúa siempre dentro del sistema de escape, muy cerca del motor. Lo habitual es que vaya montado junto al colector de escape o a poca distancia de él, porque necesita trabajar a altas temperaturas para que las reacciones químicas se produzcan de forma eficiente.

En muchos coches actuales, sobre todo gasolina, el catalizador puede estar integrado en el propio colector o muy próximo, lo que se conoce como catalizador de “encendido rápido”. En otros, aparece algo más lejos pero siempre antes del silencioso y de la salida final del tubo de escape.

A simple vista, desde debajo del coche, verás una especie de “bulto” metálico de forma cilíndrica u ovalada, con una carcasa de acero inoxidable soldada al resto del escape. Dentro se esconde el famoso panal cerámico o metálico recubierto de metales preciosos. En algunos modelos modernos, en esa misma zona también se alojan la sonda lambda, sensores de temperatura de los gases y, en diésel avanzados, incluso sensores de óxidos de nitrógeno.

Su diseño está pensado para:

  • Ofrecer poca resistencia al paso de los gases, para no restar demasiada potencia al motor.
  • Maximizar la superficie de contacto con los metales preciosos, para que la transformación química sea eficaz.
  • Aguantar golpes, vibraciones y temperaturas superiores a 500 ºC sin romperse ni deformarse con facilidad.

Tipos de catalizadores que pueden llevar los coches

Según el tipo de motor y la normativa de emisiones que deban cumplir, los vehículos pueden montar distintos tipos de catalizador. A grandes rasgos, se pueden diferenciar dos configuraciones principales en turismos:

Por un lado está el catalizador de oxidación, muy utilizado en motores diésel. Su función se centra en transformar los hidrocarburos no quemados (HC) y el monóxido de carbono (CO) en dióxido de carbono (CO2) y agua (H2O) mediante reacciones de oxidación. Suele incorporar principalmente platino y/o paladio en su recubrimiento.

Por otro lado tenemos el conocido como catalizador de tres vías (TWC), típico de los motores de gasolina modernos. Este tipo de catalizador es capaz de actuar simultáneamente sobre tres contaminantes: óxidos de nitrógeno (NOx), monóxido de carbono (CO) e hidrocarburos (HC), reduciendo todos ellos en un solo dispositivo y transformándolos en gases menos nocivos.

Para lograrlo, el catalizador de tres vías combina una mezcla de platino, paladio y rodio. Cada uno de estos metales favorece reacciones concretas: unos promueven la oxidación de CO y HC, y otros la reducción de NOx a nitrógeno. La gestión electrónica del motor (a través de la sonda lambda) mantiene la mezcla aire-combustible en un rango muy preciso para que el catalizador pueda trabajar en su punto óptimo.

Desde cuándo es obligatorio el catalizador y por qué

La implantación del catalizador en España y en Europa está estrechamente ligada a las normas Euro de emisiones. El gran salto se produjo con la llegada de la norma Euro 1, que empezó a aplicarse a los turismos de gasolina matriculados a partir de enero de 1993.

Desde esa fecha, los coches nuevos de gasolina que se vendían en España tuvieron que montar catalizador para poder cumplir los límites europeos de emisiones. Por eso, si hablamos de turismos modernos, se puede decir que todos los gasolina posteriores a 1993 llevan catalizador de serie.

En los diésel, la transición fue algo más gradual. Primero se introdujeron catalizadores de oxidación para reducir principalmente CO y HC, y más tarde, según fueron entrando en vigor las diferentes normas Euro, se añadieron otros sistemas como:

  • Filtros de partículas diésel (FAP o DPF), que atrapan las partículas sólidas de hollín.
  • Válvulas EGR para recircular parte de los gases de escape y reducir NOx.
  • Sistemas SCR con AdBlue, que inyectan un aditivo a base de urea para transformar los NOx en nitrógeno y agua.

En el contexto español se suele tomar como referencia que, desde final de los 90, los diésel nuevos también están obligados a montar algún tipo de catalizador y sistema anticontaminación. Las normas han ido endureciéndose hasta llegar a la actual Euro 6, y ya está prevista la Euro 7 para los turismos nuevos a partir de finales de 2026.

El motivo de hacer obligatorio el catalizador es claro: antes de su introducción, los coches emitían directamente a la atmósfera grandes cantidades de monóxido de carbono, hidrocarburos y óxidos de nitrógeno. Estos compuestos contribuyen al smog, la lluvia ácida y los problemas respiratorios, con un impacto muy negativo en la salud y el medio ambiente.

Qué coches llevan catalizador y cuáles no

Con la normativa actual, prácticamente todos los vehículos con motor de combustión que se venden hoy en día montan catalizador de serie. Aun así, conviene matizar por tipos de vehículo para aclarar dudas:

Los coches de gasolina modernos llevan siempre un catalizador de tres vías, obligatorio desde los años 90. Sin él, sería imposible que cumplieran los límites de emisiones, pasar la ITV o recibir una etiqueta ambiental adecuada de la DGT.

En los diésel modernos, además del catalizador, aparecen otros sistemas anticontaminación como el filtro de partículas, la EGR y el SCR con AdBlue, dependiendo del año y de la homologación. Es precisamente la combinación de todos estos elementos la que permite que los diésel actuales se ajusten a las normas Euro más exigentes.

Los coches híbridos convencionales (como los híbridos no enchufables muy populares en ciudad) también necesitan catalizador, porque cuentan con un motor de gasolina que se enciende y se apaga constantemente. En estos casos, el reto técnico es que el catalizador alcance temperatura rápidamente cada vez que el motor térmico entra en funcionamiento.

Los híbridos enchufables tampoco se libran: aunque puedan recorrer muchos kilómetros en modo eléctrico, siguen teniendo un motor de combustión que requiere su correspondiente sistema de tratamiento de gases, con catalizador y, según el caso, otros elementos adicionales.

En el extremo opuesto están los coches clásicos y muy antiguos. Los vehículos matriculados antes de que fuese obligatorio el catalizador pueden no llevarlo de origen, y en muchos casos no se les exige instalarlo a posteriori. En estos coches conviene respetar su configuración original, ya que modificar el sistema de escape puede traer problemas legales y de homologación.

Por supuesto, los coches eléctricos puros no necesitan catalizador ni escape, porque no tienen motor de combustión. Toda la energía se genera en los motores eléctricos y no hay gases que tratar.

Fuera de los turismos, también encontramos catalizadores en motos, furgonetas y camiones. Las motos modernas deben cumplir sus propias normas Euro (actualmente Euro 5), que obligan a incorporar sistemas de escape mucho más controlados que en las motos antiguas. Las furgonetas y vehículos industriales, al recorrer muchos kilómetros y emitir más, suelen montar sistemas anticontaminación todavía más complejos, combinando catalizadores, filtros de partículas, AdBlue y múltiples sensores.

Relación entre catalizador, sonda lambda, ITV y etiqueta ambiental

El catalizador no trabaja solo. Su eficacia depende en gran medida de la sonda lambda, un sensor que va ubicado en el escape (antes o después del catalizador, o ambos) y que mide la cantidad de oxígeno presente en los gases.

La centralita del motor utiliza la información que envía la sonda lambda para ajustar en tiempo real la mezcla aire-combustible. Si la sonda detecta una mezcla excesivamente rica o pobre y manda datos erróneos, la gestión del motor se descontrola, generando más hollín y gases contaminantes. Ese exceso de suciedad puede terminar colapsando el catalizador e impidiendo que la reacción química se produzca como debe.

Del mismo modo, si el catalizador empieza a fallar o a saturarse, las mediciones de la sonda lambda posterior pueden no cuadrar con lo esperado, lo que hace que la centralita detecte un problema. Por eso se dice que sonda lambda y catalizador trabajan en tándem y se influyen mutuamente.

A nivel legal y de inspecciones, todo esto se refleja en la ITV. Si a un coche que debe llevar catalizador se le ha vaciado, anulado o eliminado, la inspección puede detectar la irregularidad tanto por control visual como por los valores de emisiones o la diagnosis electrónica (OBD). En ese caso, el resultado será desfavorable y el vehículo no podrá circular legalmente hasta que se corrija.

Además, el correcto funcionamiento del sistema anticontaminación influye en la etiqueta ambiental de la DGT y en la posibilidad de circular en zonas de bajas emisiones. Un coche que debería llevar catalizador y no lo lleva, o lo lleva en mal estado, no solo contamina más, sino que puede tener problemas legales y restricciones de acceso a determinadas áreas urbanas.

Síntomas de catalizador en mal estado o roto

El catalizador no está pensado como una pieza de mantenimiento periódico, pero puede fallar por uso, averías del motor o golpes. Algunos síntomas habituales que pueden indicar que algo no va bien son:

  • Testigo de fallo motor encendido en el cuadro de instrumentos, asociado a códigos de error relacionados con el sistema de escape o las sondas lambda.
  • Pérdida notable de potencia: si el panal interno se obstruye, los gases de escape no salen bien, aumenta la contrapresión y el motor “se ahoga”, sobre todo a altas revoluciones o en cuestas.
  • Incremento del consumo de combustible, porque el motor trabaja fuera de sus parámetros óptimos y la centralita compensa con más inyección.
  • Acumulación de hollín en el tubo de escape, más humo de lo normal o colores extraños en los gases.
  • Olor intenso a quemado o a gasolina sin quemar en la parte trasera del coche, indicativo de que las reacciones químicas no se están completando.
  • Ruido de traqueteo metálico en la zona del escape: puede ser señal de que las celdas cerámicas internas se han fracturado y se mueven dentro de la carcasa.

Si sospechas que el ruido viene del catalizador, es recomendable dejar enfriar bien el motor y, con el coche asegurado y elevado lo justo, mover ligeramente el tramo de escape con la mano para intentar localizar de dónde procede el traqueteo. Cualquier duda, eso sí, mejor dejarla en manos de un taller.

¿Se puede circular con un catalizador roto?

Desde un punto de vista puramente mecánico, un coche con el catalizador averiado o vacío puede seguir rodando sin que otras piezas se rompan de inmediato. El motor puede funcionar, arrancar y desplazarse, y por eso hay quien decide ignorar el problema durante un tiempo.

Sin embargo, hay bastantes motivos para no hacerlo. Para empezar, un catalizador dañado suele provocar un aumento importante de las emisiones, lo que es perjudicial para el medio ambiente y para la salud de las personas que respiran esos gases, especialmente en zonas urbanas.

Además, un catalizador obstruido puede ocasionar pérdida de rendimiento, sobrecalentamiento del motor y fallos en otros componentes asociados al escape. No hay que olvidar que circular así puede suponer que el coche no supere la ITV y que se considere que no cumple la homologación de origen, con las consiguientes sanciones.

Por último, si alguien decide quitar el catalizador o vaciarlo para “ganar potencia”, además de contaminar bastante más, se expone a problemas legales, multas y pérdida de garantías. A día de hoy, con las normas anticontaminación y los controles que hay, no es una buena idea.

Vida útil, regeneración y cuidados básicos del catalizador

En condiciones normales, un catalizador está diseñado para durar al menos 5 años o unos 120.000 km. Muchos fabricantes garantizan esa vida mínima si el coche se utiliza dentro de los parámetros recomendados. Con una conducción razonable y un motor en buen estado, no es raro que el catalizador aguante incluso toda la vida útil del vehículo.

Aunque el catalizador no tenga un mantenimiento directo como tal, sí se puede favorecer su buen funcionamiento. En algunos modelos, especialmente diésel con sistemas de tratamiento de partículas, es recomendable realizar de vez en cuando recorridos de unos 15-20 minutos a un régimen de entre 3.000 y 3.500 rpm, en carretera o autovía.

Esos trayectos ayudan a que la temperatura del sistema de escape suba por encima de los 500 ºC, lo cual facilita la quema de residuos y la regeneración de los filtros y del propio catalizador. De este modo se expulsan muchas partículas acumuladas y se evita que el conjunto se sature prematuramente; si quieres saber cuánto cuesta y cómo evitar averías al respecto, consulta cambiar el filtro de partículas.

También es importante mantener el motor en buen estado general: cambiar las bujías cuando toca, no circular con inyectores sucios o con consumo excesivo de aceite, usar el aceite especificado por el fabricante y no ignorar los testigos del cuadro. Un fallo pequeño, si se deja pasar, puede terminar dañando el catalizador y convirtiéndose en una avería bastante más cara.

Qué problemas puede causar un catalizador en mal estado

Cuando el catalizador deja de hacer bien su trabajo, pueden aparecer problemas secundarios en cascada. Más allá de los síntomas directos ya comentados, se pueden dar situaciones como:

  • Exceso de humo y olores desagradables procedentes del escape, muy molestos en atascos o aparcamientos cerrados.
  • Recalentamiento del motor si los gases no salen correctamente y sube la temperatura en la zona del colector y la culata.
  • Ruidos anómalos en el escape, golpes internos o vibraciones poco habituales.
  • Pérdida progresiva de potencia que hace que el coche responda peor al acelerar.
  • Aumento notable del consumo de combustible debido a que la mezcla y la gestión del motor se ven alteradas.

Ignorar estos síntomas y seguir circulando indefinidamente puede acabar afectando a otros elementos como la sonda lambda, el turbo (en diésel) o incluso la propia culata por exceso de temperatura. Por eso conviene revisar el sistema de escape en un taller en cuanto aparezcan señales sospechosas.

Precio del catalizador y coste de sustitución

El catalizador no es precisamente una pieza barata. El precio puede variar muchísimo en función del modelo de vehículo, tamaño del motor y tipo de catalizador, pero lo habitual es que la factura de sustitución se sitúe entre unos 500 y 1.500 euros, contando pieza y mano de obra.

En turismos más sencillos o pequeños, el coste puede rondar la parte baja de esa franja, mientras que en coches grandes, SUV, furgonetas o modelos con sistemas anticontaminación complejos, la cifra se dispara fácilmente. Al fin y al cabo, cuanto mayor sea el catalizador y más metales preciosos contenga, más caro resultará.

En el mercado negro, un catalizador robado puede moverse en torno a 200-300 euros, dependiendo del modelo y del estado, mientras que como recambio original en un taller su precio se puede ir tranquilamente a 800 euros o más. En vehículos muy valorados por sus metales, como algunos híbridos concretos, los catalizadores pueden superar incluso los 1.500 euros.

Por qué se roban los catalizadores y qué coches son los más buscados

El robo de catalizadores se ha disparado en los últimos años por una combinación de factores bastante clara. El principal es el alto valor de los metales preciosos como el platino, el paladio y el rodio, cuyo precio en el mercado puede superar incluso al del oro.

A esto se suma que el catalizador es una pieza relativamente fácil de sustraer para quien aplica técnicas de robo de vehículos. Basta con elevar el vehículo lo justo, acceder al tramo central del escape y cortar la sección donde va montado, normalmente con una amoladora o una herramienta similar. En pocos minutos el ladrón puede marcharse con la pieza bajo el brazo.

Otro motivo es la dificultad para identificar y rastrear un catalizador robado una vez separado del coche. Salvo que esté marcado o registrado de alguna forma, resulta complicado demostrar su origen, lo que facilita su venta en mercados paralelos o en empresas que se dedican a recuperar los metales.

Los vehículos más afectados suelen ser:

  • SUV, todoterrenos y furgonetas, ya que su mayor altura al suelo facilita el acceso al sistema de escape sin necesidad de levantar tanto el coche.
  • Coches relativamente antiguos pero muy populares, como ciertos modelos de Seat León, Volkswagen Golf o Polo, cuyos catalizadores tienen un buen contenido en metales y son fáciles de colocar en el mercado negro.
  • Híbridos muy extendidos, especialmente el Toyota Prius y otros modelos similares, cuyos catalizadores están menos “gastados” porque el motor térmico trabaja menos tiempo, por lo que conservan mejor sus metales preciosos y alcanzan valores muy altos.

En el caso de los híbridos, el hecho de que el coche use mucho el motor eléctrico hace que el catalizador se desgaste menos, así que cuando lo roban y lo venden para reciclar, se obtiene una cantidad importante de metal recuperable, lo que dispara su cotización entre los ladrones.

Qué metal lleva el catalizador y por qué vale tanto

El interior del catalizador está recubierto de una mezcla de metales nobles muy escasos, que actúan como catalizadores químicos. Los más habituales son:

  • Platino, muy usado tanto en catalizadores de gasolina como de diésel por su alta eficacia.
  • Paladio, que en algunos periodos ha llegado a ser incluso más caro que el oro.
  • Rodio, especialmente valioso para las reacciones de reducción de NOx.

Estos metales no se consumen en la reacción, pero con el uso y los kilómetros se van contaminando y perdiendo eficacia. Aun así, cuando se recicla un catalizador, se pueden extraer cantidades suficientes de platino, paladio y rodio como para que resulte rentable, sobre todo si el precio de mercado de estos materiales está al alza.

Por eso, incluso un catalizador usado conserva un valor económico considerable. Si se suma esto a lo sencillo que es arrancarlo del coche con una amoladora y a lo complicado que es trazar su procedencia una vez separado, se entiende por qué se ha convertido en una pieza tan atractiva para el mercado negro.

Qué vehículos llevan catalizador y cuántos puede tener cada coche

En términos generales, llevan catalizador todos los vehículos de combustión interna (gasolina y diésel) matriculados en las últimas décadas, además de los coches híbridos (tanto convencionales como enchufables). Solo quedan fuera los eléctricos puros y algunos clásicos muy antiguos.

El número de catalizadores que puede montar un coche depende de la cilindrada, la potencia y la arquitectura del escape. Muchos turismos estándar tienen un único catalizador principal, mientras que algunos motores más grandes o configuraciones en “V” pueden incorporar dos, uno para cada bancada de cilindros, o sistemas con catalizador principal y secundario.

En vehículos industriales, furgonetas grandes o camiones, el esquema puede ser todavía más complejo, combinando varios cuerpos catalíticos, filtros de partículas y módulos SCR. En cualquier caso, la idea es siempre la misma: tratar los gases de escape antes de que salgan al exterior para reducir al máximo las emisiones.

Cómo evitar el robo del catalizador

Aunque no existe una protección infalible, sí hay varias medidas que se pueden tomar para reducir el riesgo de robo del catalizador o, al menos, ponérselo bastante más difícil a los ladrones.

Lo más efectivo es aparcar, siempre que se pueda, en un garaje cerrado o vigilado. Dejar el coche en la calle, sobre todo de noche y en zonas poco iluminadas, aumenta mucho las probabilidades de sufrir este tipo de sustracción, especialmente si se trata de un SUV, furgoneta o híbrido muy codiciado.

Otra opción es marcar el catalizador con la matrícula del coche o el número de bastidor, mediante grabado o un sistema de identificación. De esta forma, si la pieza aparece posteriormente en un control o en una investigación, será más fácil demostrar que procede de un robo y relacionarla con un vehículo concreto.

También se puede aplicar pintura resistente a altas temperaturas sobre la carcasa del catalizador para hacerlo más identificable y menos atractivo en el mercado negro. Aunque no impide el robo, complica su venta como pieza “anónima”.

Existen además placas o protecciones metálicas específicas que se instalan alrededor del catalizador para dificultar el acceso con herramientas de corte. Este tipo de blindajes no son baratos ni infalibles, pero aumentan el tiempo necesario para robar la pieza, lo que puede disuadir a muchos ladrones que buscan rapidez.

Por último, la instalación de alarmas sensibles a vibraciones o inclinación puede ayudar a detectar intentos de robo cuando el coche está aparcado. No es una garantía absoluta, pero sí un elemento más de disuasión, sobre todo en aparcamientos comunitarios o zonas con cierta vigilancia.

¿Cubre el seguro el robo del catalizador?

La cobertura del robo de catalizadores depende mucho del tipo de póliza que tengas contratada. Algunos seguros a todo riesgo o con coberturas de robo ampliadas incluyen la sustracción de piezas del vehículo, entre ellas el catalizador, mientras que otros solo cubren el robo del coche completo o exigen cláusulas adicionales.

Si te preocupa este tema, lo más sensato es revisar con calma las condiciones particulares del seguro y, si hace falta, llamar directamente a la compañía para preguntar si el robo de un catalizador estaría cubierto, en qué condiciones y con qué franquicia.

En muchos casos, ampliar la cobertura para estar protegido frente a este tipo de robos puede ser interesante, sobre todo si tu coche está en el grupo de los más buscados por los ladrones o si se ve obligado a dormir en la calle constantemente.

¿Se puede vender o montar un catalizador usado?

La venta e instalación de catalizadores usados sin certificar está prohibida. El motivo es que resulta muy difícil garantizar el estado real de la pieza, su eficacia anticontaminación y su procedencia legal. Permitir su comercio sin control abriría la puerta a un mercado enorme de componentes robados.

Para sustituir el catalizador, lo adecuado es recurrir a piezas nuevas homologadas que cumplan la normativa vigente y se ajusten a la homologación de origen del vehículo. En algunos casos se permiten recambios equivalentes siempre que estén certificados y respeten los estándares de emisiones.

Si se plantea montar un catalizador usado, debe ser exactamente el especificado para ese modelo y año, y siempre respetando la normativa y las restricciones legales. En la práctica, esta opción resulta cada vez menos frecuente y más problemática, por lo que la mayoría de talleres optan por recambios nuevos o reconstruidos con certificación.

En definitiva, el catalizador se ha convertido en una pieza imprescindible tanto para el medio ambiente como para el bolsillo. Entender qué coches lo llevan, por qué es obligatorio, qué síntomas da cuando falla y cómo prevenir su robo ayuda a evitar disgustos, a pasar la ITV sin sobresaltos y a alargar la vida útil del sistema de escape manteniendo a raya las emisiones contaminantes.