Qué es la válvula PCV del coche, funcionamiento, fallos y mantenimiento

Última actualización: 21 de mayo de 2026
  • La válvula PCV controla la ventilación del cárter, recircula los gases de blow-by y reduce la presión interna y las emisiones.
  • Sus fallos provocan ralentí inestable, fugas de aceite, humo y desgaste acelerado del motor por contaminación del lubricante.
  • Una revisión periódica cada dos o tres cambios de aceite y pruebas sencillas de vacío evitan averías caras.
  • Su sustitución es económica frente a los daños que puede causar una PCV obstruida o atascada.

válvula PCV del coche

Si te gusta cuidar el motor de tu coche, la válvula PCV es una de esas piezas pequeñas que casi nadie mira pero que puede liarla bien gorda cuando falla. Está escondida, no hace ruido y casi nunca sale en las conversaciones de taller, pero influye directamente en la presión interna del motor, en el consumo de aceite, en las emisiones e incluso en el ralentí.

Para que lo tengas claro y no te vuelvas loco cambiando sensores sin necesidad, vamos a ver con todo lujo de detalles qué es la válvula PCV del coche, cómo funciona, qué tipos hay, qué averías provoca, qué síntomas da cuando está mal y cómo comprobarla o sustituirla. La idea es que termines de leer y seas capaz de entender su papel dentro del motor mejor que muchos aficionados.

qué es el cárter de un coche
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Qué es la válvula PCV del coche

La válvula PCV debe su nombre a las siglas inglesas Positive Crankcase Ventilation (ventilación positiva del cárter). Básicamente, es una pequeña válvula colocada en el sistema de ventilación del motor que se encarga de dejar salir de forma controlada los gases que se acumulan en el cárter del motor y redirigirlos hacia la admisión para volver a quemarlos.

En cada explosión dentro del cilindro se genera una gran presión y, aunque haya anillos de pistón y juntas que sellan la cámara de combustión, siempre se cuela una parte de esos gases hacia el cárter; a esto se le llama fenómeno de blow-by. Esos gases arrastran vapores de combustible, aceite y agua, y si se quedan ahí dentro, terminan contaminando el lubricante y aumentando en exceso la presión interna.

La misión de la válvula PCV es precisamente evitar ese problema: extrae los vapores del cárter y los envía al colector de admisión, de forma que vuelven a entrar en la cámara de combustión para mezclarse de nuevo con el aire y el combustible. Así se reduce la contaminación, se protege el aceite y se mantiene bajo control la presión que soportan retenes, juntas y sellos.

Además, esta válvula está diseñada como elemento unidireccional o antirretorno: permite que el flujo se produzca siempre desde el cárter hacia la admisión, pero impide el paso en sentido contrario. De esta forma se evita que, por ejemplo, puedan entrar agua de lluvia, polvo u otras partículas desde el exterior hacia el interior del motor a través del colector de admisión.

funcionamiento de la válvula PCV

Por qué se generan gases en el cárter y qué problema suponen

En el interior del motor se alcanzan temperaturas y presiones muy elevadas en cada ciclo de combustión. Aunque todo esté en buen estado, siempre hay una pequeña parte de la mezcla aire-combustible que escapa entre pistón y cilindro y termina en el cárter en forma de gases de blow-by.

Estos gases contienen hidrocarburos, vapores de combustible sin quemar, partículas de carbono, agua y vapores de aceite. Si se acumulan sin ningún tipo de control ocurren varios efectos indeseados: el aceite se contamina, se generan lodos y depósitos, la presión interna del motor sube y se fuerza de manera excesiva a retenes y juntas.

Cuando esa presión no se libera correctamente, es relativamente fácil que aparezcan fugas de aceite por retenes, juntas de cárter, juntas de culata o respiraderos. En casos más extremos, pueden llegar a reventar juntas o deformar ligeramente componentes, con el consiguiente goteo de aceite y pérdida de lubricación.

Además de los problemas puramente mecánicos, si esos vapores salieran directamente a la atmósfera estaríamos hablando de una emisión descontrolada de gases muy contaminantes. Por eso, la válvula PCV también nació como respuesta a las primeras normativas de emisiones, obligando a recircular esos gases y quemarlos de nuevo en el motor.

Función y funcionamiento de la válvula PCV

La función principal de la válvula PCV es controlar cuántos gases del cárter se recirculan hacia el colector de admisión, adaptando ese caudal a las distintas condiciones de funcionamiento del motor. No se trata solo de un agujero por donde escapan vapores, sino de un elemento que regula ese flujo en función del vacío que genera la admisión.

El colector de admisión crea un vacío distinto según el régimen de giro y la carga del motor. En ralentí o con el acelerador poco pisado, el motor genera mucho vacío; en plena carga o fuerte aceleración, el vacío baja. La válvula PCV aprovecha esa diferencia para abrir más o menos, modulando la cantidad de blow-by que extrae del cárter en cada momento.

En la práctica, la PCV se comporta como una válvula de retención unidireccional con regulación interna. Mediante un émbolo o pistón interno y un muelle, se desplaza según la presión y el vacío a ambos lados. Así, en ralentí deja pasar un caudal relativamente pequeño de vapores, y cuando el motor trabaja a mayor carga incrementa la apertura para evacuar el exceso de gases que se está produciendo.

Al mismo tiempo, la unidad de control del motor (ECU) tiene en cuenta este aire “extra” que entra por la PCV. Gracias a las lecturas de sensores como MAF o MAP, la centralita es capaz de corregir la mezcla aire-combustible para obtener una combustión lo más completa posible, quemando también esos vapores de aceite y combustible que llegan desde el cárter.

La consecuencia positiva de todo esto es doble: por un lado, se disminuyen drásticamente las emisiones de hidrocarburos a la atmósfera, y por otro se reduce la presión interna del motor, protegiendo el aceite y alargando la vida útil de juntas, retenes y demás elementos de estanqueidad.

Ubicación de la válvula PCV en el motor

La localización exacta de la PCV varía según el diseño del motor y del fabricante, pero casi siempre la encontrarás en una zona alta del motor, donde pueda recoger los vapores del cárter y conectarse con facilidad al colector de admisión mediante una manguera de vacío.

En muchos motores se instala directamente en la tapa de balancines o tapa de válvulas, encajada en un casquillo de goma y unida a una manguera que va hasta el múltiple de admisión. En otros diseños, la válvula se integra en el propio colector o en un conjunto de tuberías y codos que forman parte del sistema de ventilación del cárter, siendo menos visible a simple vista.

También es frecuente encontrarla en las proximidades del cuerpo de mariposa o del plenum de admisión, siempre en conexión directa con el cárter o la tapa de válvulas. Para localizar el punto exacto en tu coche, lo ideal es consultar el manual de usuario o la documentación de servicio del fabricante, ya que la disposición cambia bastante entre motores en línea, en V, atmosféricos o turbo.

En cualquier caso, identificas la PCV porque suele ser una pieza pequeña, de plástico o metal, conectada por una manguera de vacío. A veces incorpora un codo o un tramo rígido para poder ajustarse mejor a los huecos del vano motor y evitar torsiones excesivas en la manguera.

Partes básicas de una válvula PCV

Aunque externamente parezca una pieza muy simple, la válvula PCV está formada por varios componentes internos que trabajan juntos para regular el flujo de vapores del cárter. El diseño puede cambiar de un modelo a otro, pero casi todas comparten una estructura común.

El elemento principal es el cuerpo de la válvula, normalmente fabricado en plástico resistente a altas temperaturas o en metal. Esta carcasa aloja el resto de piezas y sirve como unión hermética entre el motor y el sistema de admisión, de forma que no haya fugas de vacío no deseadas.

En el interior se encuentra un muelle calibrado que gobierna el movimiento del émbolo o pistón. Este muelle determina cómo responde la válvula frente a los cambios de vacío: cuánto se abre, a qué presión comienza a moverse y cómo se cierra cuando el motor vuelve a ralentí o se produce un cambio brusco de carga.

El propio émbolo o válvula de retención actúa como elemento móvil que abre o cierra el paso de los gases. Se desplaza dentro del cuerpo según las diferencias de presión y la fuerza del muelle, permitiendo el flujo solo en la dirección cárter-admisión y bloqueándolo en sentido contrario para proteger la integridad interna del motor.

Para garantizar la estanqueidad se emplea un ojal o casquillo de goma que hace de junta entre la PCV y la superficie donde se monta (normalmente la tapa de válvulas). Además, la válvula se conecta a la admisión mediante una manguera de vacío específica del sistema PCV, a veces acompañada de un codo o adaptador que facilita el trazado de la línea en el vano motor.

En algunos motores se añade un pequeño filtro adicional asociado a la PCV, cuya función es retener gotas de aceite, carbonilla u otras impurezas para que no pasen al colector de admisión. Este filtro puede estar integrado en la propia válvula o ser un elemento separado en la línea de ventilación del cárter.

Tipos de válvulas PCV que puedes encontrar

La industria no se queda con una única solución y, con el tiempo, han aparecido distintos tipos de válvulas PCV para adaptarse tanto a motores sencillos como a mecánicas modernas muy exigentes con las emisiones y el rendimiento.

El tipo más común es la válvula PCV estándar, que utiliza el sistema clásico de émbolo y muelle para regular el caudal de vapores. Se abre y cierra en función del vacío, se comporta como una válvula de retención y es la que montan la mayoría de vehículos de serie con motores atmosféricos o ligeramente sobrealimentados.

Existen también configuraciones de válvula PCV de doble vía o de flujo controlado en ambas direcciones. Estas soluciones se emplean en algunos sistemas específicos donde interesa no solo extraer vapores, sino también gestionar el equilibrio de presiones del cárter en situaciones de carga muy variable o en determinadas arquitecturas de motor.

En mecánicas más avanzadas han aparecido las válvulas PCV electrónicas, equipadas con sensores y actuadores que permiten modificar el flujo de blow-by en tiempo real bajo el mando directo de la centralita. De este modo se mejora la eficiencia de combustible, se ajustan aún más las emisiones y se optimiza el comportamiento del motor en distintas condiciones de uso.

También hay variantes como la PCV ventilada, la PCV con filtro integrado, conjuntos con codo incluido para adaptarse a espacios muy justos y, en el mundo de la preparación, válvulas PCV de alto rendimiento pensadas para motores modificados, con mayor caudal y materiales más robustos para soportar presiones y temperaturas extremas.

Historia y evolución de la válvula PCV

La válvula PCV empezó a popularizarse en los años 60, cuando las primeras normativas de emisiones obligaron a reducir la contaminación de los motores de combustión. Hasta ese momento, lo normal era que los vapores del cárter se expulsaran al exterior a través de respiraderos abiertos, sin ningún tipo de control.

Con el endurecimiento de las leyes ambientales en los 70, la ventilación positiva del cárter pasó a ser un elemento prácticamente obligatorio en los motores modernos. Desde entonces, su diseño ha ido evolucionando para adaptarse a mecánicas más potentes, mayores regímenes de giro y sistemas de gestión electrónica mucho más refinados.

Con los años se ha pasado de soluciones muy sencillas a otras más sofisticadas, con PCV electrónicas, filtros incorporados y sistemas de recirculación calculados al detalle. Todo ello con un objetivo doble: cumplir con límites de emisiones cada vez más estrictos y, al mismo tiempo, mejorar la fiabilidad y la durabilidad del motor.

Ventajas y desventajas de la válvula PCV

El sistema de ventilación positiva del cárter aporta una serie de beneficios claros tanto para el motor como para el medio ambiente, aunque también tiene sus puntos débiles que conviene tener presentes para no llevarse sorpresas.

Entre las ventajas más importantes está la reducción de emisiones contaminantes. Al recircular los vapores cargados de hidrocarburos hacia la admisión, en lugar de soltarlos directamente al exterior, se consigue que gran parte de esos compuestos se quemen en el cilindro y no acaben en la atmósfera.

Otra ventaja es la mejora de la eficiencia y la limpieza interna del motor. Al evitar que se acumulen lodos y depósitos en el cárter, el aceite mantiene mejor sus propiedades lubricantes y el motor puede trabajar con menor desgaste, lo que contribuye a alargar su vida útil y a reducir el consumo de combustible.

Como contrapartida, la PCV introduce un punto adicional de mantenimiento y posible fallo. Si la válvula se bloquea, se queda atascada o las mangueras se obstruyen, se pueden generar problemas de presión interna, consumo de aceite, pérdida de potencia, humo en el escape e incluso daños graves en juntas y retenes.

Además, al ser una pieza relativamente barata y poco conocida, es frecuente que no se revise nunca hasta que hay una avería. Esto hace que, en lugar de ser un simple mantenimiento preventivo económico, termine dando la cara como una avería que obliga a revisar media admisión y a dedicar tiempo al diagnóstico.

Averías más frecuentes relacionadas con la válvula PCV

La avería típica de la PCV es la obstrucción parcial o total de la válvula por la acumulación de impurezas y residuos procedentes del aceite y del combustible. Con el paso de los kilómetros, ese vapor cargado de partículas va formando depósitos que acaban limitando el movimiento del émbolo o estrechando el paso interno.

Cuando la válvula no puede evacuar los gases correctamente, la presión en el cárter aumenta y aparecen fallos como la rotura de juntas del cárter, fugas por juntas de culata o por retenes y, en algunos casos, obstrucción del propio filtro de aire por exceso de vapores aceitosos que se trasladan hacia la admisión.

También se dan casos en los que la PCV se queda atascada abierta, permitiendo un paso excesivo de aire no medido a través de la admisión. Esto altera la mezcla calculada por la centralita, generando fallos de combustión, tirones, ralentí inestable e incluso calados inesperados del motor al detenerse en un semáforo.

Otra fuente habitual de problemas son las mangueras cuarteadas, endurecidas o agrietadas que forman parte del sistema PCV. Pequeñas fisuras o poros pueden producir fugas de vacío difíciles de detectar, que a menudo se confunden con averías en otros componentes como el sensor MAF, el MAP o el cuerpo de mariposa.

En definitiva, aunque la válvula PCV parezca una tontería, es responsable de muchas averías que se diagnostican erróneamente como fallos electrónicos o de sensores, cuando en realidad el problema está en el control del blow-by y en la presión interna del motor.

Síntomas de una válvula PCV en mal estado

Cuando la PCV no hace bien su trabajo, el coche empieza a dar pistas bastante claras en forma de síntomas en el comportamiento del motor. Ignorarlos puede salir caro, así que conviene conocerlos para actuar a tiempo.

Uno de los primeros signos suele ser un ralentí bajo, inestable o que sube y baja sin motivo aparente. El motor puede vibrar más de la cuenta, hacer amagos de calarse al detenerte o, directamente, pararse de golpe al llegar a un cruce o semáforo si la mezcla de aire y combustible se desajusta por entrada de aire no medida.

Otro síntoma muy típico son las fugas de aceite por juntas, retenes y la propia tapa de válvulas. El aumento de presión en el cárter busca la salida por el punto más débil, y eso se traduce en sudoraciones, goteos o incluso manchas importantes de aceite bajo el coche.

También es frecuente encontrar aceite en el filtro de aire o suciedad aceitosa en los conductos de admisión cuando el sistema PCV no regula correctamente. Esto puede venir acompañado de humo azulado en el escape, olor fuerte a gases o un aumento claro en el consumo de aceite sin que haya una fuga visible grave.

A todo ello se suma una posible disminución de la lubricación efectiva del motor por degradación acelerada del aceite, lo que con el tiempo se traduce en mayor desgaste interno. Tampoco es raro que se encienda la luz de avería motor (check engine) y se registren códigos de error relacionados con mezcla pobre, fugas de vacío o recirculación incorrecta.

Relación entre la PCV y otros fallos de diagnóstico

En motores modernos, donde la gestión electrónica es muy sensible a cualquier cambio de flujo de aire o presión, un mal funcionamiento de la PCV puede simular fallos en sensores clave. De hecho, no es raro ver vehículos en los que se han cambiado MAF, MAP o se ha limpiado el cuerpo de mariposa sin éxito porque la raíz del problema estaba en la válvula PCV o sus mangueras.

Cuando la recirculación de blow-by no está bien controlada, la cantidad de aire que entra en el motor no coincide con lo que “cree” la centralita según las mediciones de los sensores. Eso provoca ajustes erróneos de mezcla, fallos de combustión, pérdidas de potencia puntuales y oscilaciones de ralentí que se pueden confundir con averías eléctricas.

Por eso, en un diagnóstico de taller serio, siempre es recomendable revisar el estado del sistema PCV junto con la admisión. Comprobar si hay fugas en mangueras, si la válvula está atascada, si el cárter ventila correctamente y si existe exceso de presión es clave para no perder tiempo y dinero cambiando piezas que están realmente sanas.

Cómo comprobar si la válvula PCV funciona bien

Hay varias comprobaciones sencillas que permiten saber si la PCV está en condiciones aceptables sin necesidad de equipos especiales. La primera es una prueba básica de comportamiento con el motor caliente, que se puede realizar siguiendo unos pasos muy concretos.

Con el coche al ralentí y a temperatura de funcionamiento, se abre el capó y se desconecta la manguera que sale de la válvula PCV. Al hacer esto, lo normal es que las revoluciones del motor bajen de forma apreciable o que el ralentí se vuelva algo más irregular, señal de que la válvula estaba actuando y al desconectarla se ha modificado el flujo de aire.

Después se puede tapar con el dedo la manguera de vacío que se ha desconectado. Si la PCV y el sistema de admisión están en buen estado, debería sentirse una succión clara. A continuación se vuelve a conectar la manguera a la válvula y se puede retirar la propia PCV de su alojamiento para comprobar que en su entrada también hay vacío.

Otra prueba muy extendida es la “prueba de agitación”: se saca la válvula PCV del motor y se agita con la mano. Si el émbolo interno está libre, se escuchará un golpeteo característico. Si no suena nada, puede que esté agarrotada por carbonilla o lodo. No es un método definitivo, pero sí una buena pista de su estado interno.

En un diagnóstico más profesional se puede recurrir a pruebas de vacío, inspección visual de depósitos, uso de máquinas de humo o mediciones de presión en el cárter para ver si la ventilación es correcta o si hay restricciones en la línea PCV. Todo esto ayuda a confirmar si la válvula y su sistema asociado trabajan como deben.

¿Cuándo hay que cambiar la válvula PCV?

Aunque muchos fabricantes no le dan toda la publicidad que merece, lo recomendable en la práctica es renovar la válvula PCV de forma preventiva cada dos o tres cambios de aceite. Con ese intervalo se reduce mucho la probabilidad de tener problemas por obstrucciones graves o funcionamiento errático.

Además del mantenimiento periódico, está claro que si aparecen los síntomas comentados (ralentí inestable, consumo de aceite, fugas, humo…), es momento de revisar la PCV sin demora. Esperar demasiado puede convertir una reparación barata en un problema mayor que afecte a juntas, retenes o incluso al propio motor.

El uso que se le da al vehículo influye bastante: un coche que hace trayectos cortos, mucho tráfico urbano o trabaja en condiciones severas tiende a generar más condensaciones y lodos, lo que acelera la suciedad en la válvula. La calidad del aceite y del combustible también marcan la diferencia en la cantidad de residuos que se forman.

Siempre que existan dudas sobre su estado, compensa revisar y, si es necesario, sustituir la PCV. Es una pieza relativamente asequible, y cambiarla a tiempo puede evitar averías costosas asociadas a fugas de aceite o problemas de presión interna.

Limpieza y mantenimiento de la válvula PCV

En algunos casos, cuando la válvula no está dañada físicamente y solo presenta obstrucciones leves por suciedad, es posible prolongar su vida útil mediante una limpieza adecuada. Esta operación es sencilla y se puede realizar junto con otras tareas de mantenimiento.

Una vez retirada del motor, se puede sumergir la PCV en agua jabonosa o en un limpiador específico capaz de disolver residuos de aceite y carbonilla. Tras dejarla unos minutos en remojo, se agita suavemente para ayudar a desprender los depósitos internos que bloquean el paso o dificultan el movimiento del émbolo.

Después de la inmersión, es importante aclarar bien la válvula y dejarla secar completamente antes de volver a montarla. En algunos talleres se utiliza también aire comprimido para expulsar restos y asegurarse de que el émbolo se mueve libremente. Eso sí, si se aprecia desgaste, grietas o deformación, lo prudente es cambiarla en lugar de intentar rescatarla.

Conviene aprovechar la operación para revisar el estado de la manguera de vacío, el casquillo de goma y posibles filtros asociados. Un sistema PCV limpio y en buen estado ayuda a mantener el interior del motor más sano, el ralentí más estable y las emisiones dentro de lo esperado.

Cómo elegir una válvula PCV de repuesto adecuada

Cuando llega el momento de sustituir la PCV, no vale cualquier pieza. Es fundamental comprobar la compatibilidad exacta con la marca, modelo y motorización de tu coche, ya que montar una válvula inadecuada puede alterar la ventilación del cárter y generar problemas de rendimiento o consumo.

Una de las decisiones habituales es elegir entre pieza OEM (fabricante original) o recambio de aftermarket. Las OEM garantizan el ajuste y el comportamiento tal y como fue diseñado de fábrica, mientras que algunas válvulas del mercado paralelo pueden ofrecer variantes de rendimiento o materiales distintos, pero siempre hay que asegurarse de que respetan las especificaciones del motor.

El material de construcción también es relevante: las válvulas metálicas suelen ser más robustas y resistentes a la temperatura, mientras que las de plástico resultan más ligeras y económicas, pero pueden envejecer peor en entornos muy calientes. Lo importante es que cumplan con la presión de trabajo y la respuesta de vacío adecuadas.

Si tu coche equipa un sistema PCV más sofisticado, como versiones electrónicas, con filtro integrado o ensamblajes con codo específico, es recomendable montar una referencia exactamente equivalente o validada para ese modelo, evitando inventos que puedan modificar el caudal previsto por el fabricante.

Antes de comprar, ayuda mucho revisar los síntomas que presentaba la antigua válvula (ralentí irregular, consumo de aceite, fugas, códigos de error…) para confirmar que el problema viene realmente de ahí y no de otros elementos del motor. Una elección correcta te asegura una ventilación adecuada del cárter y un funcionamiento más suave.

Síntomas avanzados y aspecto de una PCV defectuosa

Además de las señales más evidentes en el comportamiento del motor, una inspección directa de la pieza puede mostrarte cómo se ve físicamente una válvula PCV dañada. Esto es especialmente útil cuando desmontas varias piezas y quieres identificar el origen del problema.

Una PCV en mal estado suele presentar acumulación excesiva de aceite espeso, lodo y depósitos de carbono en su interior y alrededor de las conexiones. El émbolo puede estar agarrotado, moverse con dificultad o directamente no moverse, algo que se aprecia claramente al agitarla o intentar desplazarlo con una fina herramienta.

También pueden verse grietas, deformaciones o decoloración en el cuerpo de la válvula, síntomas de que ha trabajado sometida a temperaturas elevadas o que los materiales han perdido propiedades con el tiempo. En ocasiones, el entorno de la válvula y la manguera mostrarán manchas de aceite o suciedad inusual indicativas de fugas.

Si detectas una válvula con este aspecto, lo más sensato es reemplazarla por una nueva en lugar de limitarte a limpiarla. De lo contrario, es probable que el problema reaparezca pronto o que la valvula no llegue a trabajar con la precisión necesaria, sobre todo en motores delicados a las variaciones de presión.

Coste aproximado de reparación de la válvula PCV

Una de las mejores noticias del sistema PCV es que, pese a su importancia, la sustitución de la válvula suele ser relativamente económica. En muchos modelos, la propia pieza tiene un precio que puede moverse en un rango aproximado de 20 a 60 euros, dependiendo de la marca y del tipo de válvula.

En cuanto a mano de obra, en la mayoría de motores se trata de una intervención sencilla, con un tiempo de trabajo que suele ir de media hora a una hora, salvo en diseños muy enrevesados donde haya que desmontar otros elementos de admisión o carenados para acceder a la pieza.

Sumando repuesto y mano de obra, el coste total de la operación acostumbra a situarse alrededor de los 50 a 150 euros en muchos talleres, lo que la convierte en una reparación asequible si se compara con las posibles consecuencias de no actuar a tiempo y acabar con juntas reventadas, retenes dañados o un consumo de aceite exagerado.

Teniendo en cuenta esa relación coste/beneficio, merece la pena incluir la revisión de la PCV en la rutina de mantenimiento preventivo del vehículo junto con el cambio de aceite y filtros. Un pequeño gesto que puede evitarte más de un dolor de cabeza en el futuro.

Con todo lo anterior sobre la mesa, la válvula PCV deja de ser esa gran desconocida para convertirse en un componente clave en la salud del motor: controla la presión interna, cuida el aceite, ayuda a reducir emisiones y puede explicar muchos síntomas raros que a menudo se achacan a sensores o centralitas. Mantenerla limpia, comprobar su funcionamiento periódicamente y sustituirla cuando toque es una forma sencilla y barata de asegurarte de que el corazón de tu coche respira y trabaja como debe.